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Marina Keegan murió unos días después de escribir este artículo para Yale University Press, a los 22 años.

No tenemos una palabra para lo contrario de la soledad, pero si la tuviéramos, yo podría decir que es lo que quiero en la vida. Lo que estoy agradecida de haber encontrado en Yale, y lo que tengo miedo de perder al despertar mañana y salir de este lugar.

[...]

No tenemos una palabra para lo contrario de la soledad, pero si la tuviéramos, yo diría que es como me siento en Yale. ¿Cómo me siento ahora. Aquí. Con todos ustedes. Enamorada, impresionada, humillada, asustada. Y no tenemos que perder eso.

Artículo original en inglés | Traducción en español

 

 

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